JUAN

I was very young, about 4-5 years old when I met Juan, I remember two images, one of him sitting with some of his sizes, I looked at him a few meters his hands caught my attention, that is the second image: his hands, which for me were very large, were the hands of a mountain man, an artist who works with stone and wood.

When we grew up we went to El Tisure, the valley where Juan lived, to get there you had to work, I mean to feel the hardness of the stone, the bushes, the cliff, the vertigo, the cold, it's several hours until you arrive to La Ventana, that is 4,200 mtrs above sea level, that's when (at least for me it was like that) you begin to feel the tenderness of a nature that is enough, silent and magical, perhaps it is the traveler's anxiety that is rewarded in that moment and you are invaded by the joy of arriving at the home of Juan, who received you with his arms and his big open hands. I have few memories of Juan, but fortune as always comes: I will take some borrowed that Adrian Geyer built with his film. Go to The cinema, these Venezuelan treasures are there, presented with much love and effort... worth everything.

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Yo era muy niña, unos 4-5 años cuando conocí a Juan, recuerdo dos imágenes, una de él sentado de con algunas de sus tallas, yo lo miraba a unos metros me llamaban la atención sus manos, esa es la segunda imagen: sus manos, que para mi eran muy grandes, eran manos de hombre de montaña, de artista que trabaja con piedra y madera.

Ya de grande fuimos a El Tisure, el valle en donde vivía Juan, para llegar allá había que trabajar, me refiero a sentir la dureza de la piedra, los arbustos, del acantilado, del vertigo, el frío, son varias horas hasta que llegas a La Ventana, es decir 4.200 mtrs sobre el nivel del mar, allí es cuando (al menos para mi fue así) empiezas a sentir la ternura de una naturaleza basta, silenciosa y mágica, quizás es la ansiedad del viajero que se recompensa en ese momento y te invade la alegría de llegar al hogar de Juan, que te recibía con sus brazos y sus grandes manos abiertas. Tengo pocos recuerdos de Juan, pero la fortuna como siempre llega: tomaré unos prestados que Adrian Geyer construyó con su película. Vayan al cine, estos tesoros venezolanos están ahí, presentados con mucho amor y esfuerzo, valen todo..

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